Equivocarse, es "tener o tomar una cosa por otra, confundiéndolas, juzgando o actuando erróneamente". Esta definición nos la regala el Diccionario WordReference.
Esta palabra genera un gran temor, pues, como siempre, desde pequeños, nos inculcaron que debíamos ser "perfectos", que había que tomar decisiones correctas, ser "vivos" para no ser "tontos" y evitar que los "demás" se burlaran o nos juzguen con dureza.
Crecimos, así, con un miedo a "meter la pata" porque "cualquier equivocación" afectaba profundamente nuestra autoestima. Crecimos con la idea que la equivocación no debía ser parte de nosotros, y nos alejamos tanto de la idea, que terminamos equivocándonos, y todo lo que nos dijeron terminó siendo cierto: se burlaron de nosotros, nos juzgaron con dureza, nos aislaron o nos etiquetaron.
Yo era así. Me daba pánico equivocarme, y por sentir ese temor, hasta el día de hoy, llevo bastantes contabilizados. Algunos errores, sólo me han afectado a mi, otros a mi familia o al trabajo.
Sin embargo, la actitud hacia los errores si la he cambiado a través de los años; pues lo que en mi niñez y adolescencia me afectaba y me dolía, hoy lo veo con otros ojos. Con los ojos de la evolución constante.
A medida que le he ido perdiendo el miedo a equivocarme, ha ido apareciendo la comprensión, para permitirme entender lo que ha sucedido, con otro tipo de análisis, uno más curioso y propositivo, pues, aunque uno deteste equivocarse, irremediablemente sucederá, y la diferencia la hace la capacidad de analizar las cosas, contar con capacidad de respuesta inmediata para solventarlo, ver al error como una oportunidad de aprender, crecer, pasar la página y avanzar.
En síntesis, los errores son parte de la vida. Las equivocaciones existen para que nunca olvidemos nuestra humanidad y lo que hagamos con el error marcará una enorme diferencia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario